Me acuerdo de que mi padre, que tenía un Renault 12, cambió el coche solo para venir a verme a Barcelona, por el qué dirán, y se compró un Suzuki Bareno que todavía lo estará pagando. Cuando entramos en Barcelona por Diagonal nos parecía Nueva York. Yo pensaba: «Hostia, a dónde me llevan».


Preciosa entrevista a Joan Capdevila, para ler inteira.

Llegamos al estadio y dos horas antes del partido todavía estábamos peleando con Lendoiro por las entradas. Hubo un lío con las invitaciones, que no nos habían dado las que eran, y llegamos a decir que o nos daban las entradas que nos habían prometido o no salíamos al campo. No sé cómo, dos horas antes aparecieron todas las entradas. Esa pelea que tuvimos con Lendoiro nos hizo salir al campo enrabietados. Hay unas imágenes, que en el minuto 5 o 6 cae uno del Madrid al suelo y van dos o tres a por él… salimos a competir de una manera… Estábamos ahí pensando: «Me cago en las putas entradas estas, al que pille por delante lo reviento». Y resulta que el que se nos cruzó fue el Madrid [risas]. Luego fuimos a celebrar el título al restaurante que tenía reservado el Real Madrid. Estaban las camareras quitando las banderitas blancas de la mesa a toda prisa.


Que maravilha quando quem fala sabe do que fala. E o que entrevista tamém, e sabe quando aportar -perguntando- e quando calar e deixar o entrevistado falar. Umha arte que persoalmente ainda tenho por aprender.

Agradeço as lágrimas que me saltárom de tanto rir em vários momentos:

¿Cómo viste la ocasión de Robben?

Yo iba detrás de él, fui el que mejor lo vio de todo el planeta. Sin pagar entrada [risas]. Le grité: «¡Kiricocho!».

¿Cómo?

Kiricocho. El segundo de Pellegrini, Rubén Cousillas, cuando teníamos una ocasión en contra, decía «kiricocho», que es un mal fario para el rival. Se me quedó grabado. En esa jugada, a Piqué le pasó por debajo de la pierna, no sé por qué, pero el otro cuando arrancó la moto yo ya no llegaba. Solo me quedó correr a la desesperada y decirle «¡kiricocho!». Y va y la falla, tío. Rubén Cousillas tenía muchas manías, antes de cada partido se encerraba en los cagaderos y empezaba a rezarle a la Virgen…