Hai hoje vinte e seis anos descobrim o “triángulo surrealista” graças a este artigo de E. Blanco Seijo no “Cuaderno de Cultura” de La Voz de Galicia.


IGNATZ EL MULATO Y LA SUDISTA KRAZY


    Krazy y Cat son, en sajónica lengua, loco o loca, gato o gata, sin distinción de sexos. Krazy Kat recibía un ladrillazo de Ignatz el ratón y esa era una poderosa muestra de pasión para el minino andrógino. Un corazón bien escarlata brillaba dentro del globo, sobre la cabeza de Krazy. A Ignatz nada le producía mayor placer que arrojar un ladrillo a su amante víctima. Era como una unión contra natura muy natural. El “offissa Pupp”, un perro guardián, completaba el triángulo e intentaba proteger con amor a la apasionada masoquista y loca Kat, encarcelando siempre que podía a Ignacio y haciendo desaparecer los obscenos ladrillos, malditos adminículos de amor. Tales historias presurrealistas, precedentes de los mil y un menos sutiles Toms y Jerrys, circularon por los periódicos norteamericanos desde 1921 hasta que el febril dibujante se fue al otro barrio, el 26 de abril del 44, en Los Angeles City.
    Ahora, cuarenta y cuatro años después de la muerte de George Herriman, uno de esos investigadores de cualquier cosa que se hacen pasar por periodistas —un tal John Lawton para más señas— ha encontrado una triunfal clave que abra las entrañas de Krazy. Herriman, que era mulato, estuvo enamorado perdidamente. De una rica chica rubia sudista y racista, durante más de treinta añoS. Hay cartas y pruebas llenas de la loca poesía de Herriman, evidencias de clandestinos encuentros amorosos entre el dibujante y la mujer del sur, casada con un banquero poderoso. En fin, una historia muy pulsiva, en la que se incluyen prácticas sadomasoquistas.
    Estos datos no les han hecho ninguna gracia a los serios historiadores de la historieta —a la que se llama pomposamente “narrativa dibujada"— pero el revuelo ha servido para sacar a la luz a un dibujante genial, único y olvidado. Muchas de las revistas que le dedican algún espacio a esto del noveno arte han resucitado estudios sobre el Krazy Kat. En España, la recién estrenada "Medios revueltos” reproduce el artículo de Adarn Gopnik, “El genio de George Herriman” y es probable que se edite una antología de las “sundays” o páginas dominicales dibujadas por Herriman durante los 30, su década de oro.

Un mundo para Magritte

    Aunque se dedicó a esto del dibujo desde los 19 años, uno antes de que comenzara el siglo, puede decirse que fue a los 31 cuando Herriman envió al mundo de papel criaturas realmente hermosas y notables. En una tirita estrecha, debajo de otra de proporciones normales, Krazy Kat e Ignatz comenzaron a amarse con fruición bajo la ruidosa “familia de arriba” (“The family Upstairs”). Los promiscuos animalitos echaron poco después a sus vecinos del “New York Journal” y ocuparon todo el espacio. Herriman se apartó desde entonces de las influencias gráfiCas de su contemporáneo Bud Fisher, y desde mediados de los 20 su estilo era una maravilla surrealista.
    Cielos negros o muy azules. Nubes caprichosas como manchones de tinta escapados del pincel, alargándose como serpientes y hasta falos. Paisajes inmensos, en los que las montañas eran rebanadas de pan, pasteles, frutas gigantes, manteles o tipis decorados con dibujos geométricos indios. La luna salía frecuentemente —a veces incluso dos— y menguada por mordiscos misteriosos, con forma de “croissant” fláccido, lonchas de quesos, quillas de barco, pimientos o pirámides egipcias. Magritte y De Chirico podrían maravillarse con aquellos paisajes de Coconino Country, aquella “mesa llena de migas” por la que Krazy e Ignatz correteaban y donde descansaba el poli “Pupp”, vigilando el largo camino, apoyado en árboles de una sola hoja y crecidos dentro de un gran macetero azteca.

No sabía gramática

    Krazy llamaba a Ignatz “querido” cuando aquél le tiraba sus ladrillos que el perro policía calificaba como “el símbolo más siniestro del pecado”. Evidentemente, el ladrillo era la saeta del amor entre Ignatz y su víctima, que acababa más veces de las deseadas en las manos lel “offissa”. El tercer vértice tenía que contentarse con ese fetiche de “su adorable Krazy” y en el paisaje caminaban corazones mordidos por la pasión y llenos de espinas de cactus. Herriman evitaba dar un montaje tradicional y narrativo a las viñetas, huyendo de la planificaición y línea que la gramática del cine había impuesto ya al “comic”, a través de Griffith.
    Herriman, que jugaba mucho con las palabras y el argot yanqui de los distintos Estados, colocaba pintadas “anónimas” en la jaula de la cárcel donde el policía había encerrado a Ignatz: “Se necesitan”. Y, lógico, no quedaba claro quién necesitaba a quién en el frenético triángulo. El autor escribía sobre sus personajes: “Krazy es como un espíritu, un elfo sin sexo, un duende capaz de deslizarse en el interior de todo. Un absoluto para quienes nos demoramos a este lado de la valla”.

Lujo de Hearst

    Dicen que la serie no gustaba al gran público y que Hearst la mantuvo por capricho personal en sus periódicos. Resulta divertido pensarlo. En los 20, el magnate, en pugna con Pulitzer, tenia en su “staff”, en su sindicato de dibujantes, a lo mejor del medio: Outcault, Dirks, Winsor McCay, Opper, George McManus. Era un auténtico “Tycoon” para la historieta que triunfaba y es seguro que Krazy no era ni de lejos tan popular como lo eran “Mult and Jeff”, “Educando a papá”, “Dick Tracy” o “Little Orphan Annie”. Kat fue uno de sus lujos ruinosos.
    Pero lo disparatado es que, siendo tal desastre comercial como nos cuentan las crónicas, a la muerte de Herriman se buscó a otro dibujante para seguir la serie, aunque sin éxito. Nadie era capaz de seguir algo tan personal. Herriman y Krazy Kat tuvieron multitud de imitadores y seguidores. El gato Félix y Pat Sullivan, Otto Mesmer, “Barnaby” y Crockett Johnson, Milton Cros y su pre-Makoki llamado “Count of Toulousse”, Schultz y los “Peanuts”, Rude Goldberg con su «Boob MacNutt", deben mucho a Herriman.
    Krazy fue también cine y dibujos para la “tele” bajo la dirección de Charles Mintz. Por nuestra televisión pasó, a principios de los 70 con la misma mala fortuna que casi todos los personajes de la historieta sufren al “animarse”. Pasar o no pasar de un medio caliente a uno frío, ese es el problema, diría McLuhan.

Nativos americanos en los cómics

Kike Benlloch


Nativos americanos en los cómics



Cómics de las más dispares procedencias han concedido a los indios norteamericanos roles en sus historias, ya secundarios, ya protagonistas, especialmente, como es lógico, dentro del género del ‘western’. Es el caso de clásicos europeos como “Tex” (Italia, 1948), “Blueberry” (Francia, 1963) o “McCoy” (Francia, 1975) y de notables obras recientes como “Hiram Lowatt y Plácido”.


Nativos americanos en los cómics



El mercado estadounidense ha hecho lo propio (“Lance” EEUU 1950, “Clásicos Bélicos de la EC”), también en la historieta de superhéroes, aunque las huellas de los nativos americanos aparecen igualmente en otras ambientaciones.



Nativos americanos en los cómics



Por ejemplo, en el género negro: En julio de 2008 Planeta se publicará en castellano “Scalped” (EEUU, 2007), con guión de Jason Aaron y dibujos de R. M. Guéra. Este título del sello Vertigo de DC Comics está protagonizado por un hombre que regresa a la reserva donde se crió para descubrir que el crimen organizado y los señores de la droga controlan el casino que antes regentaba su pueblo.


Nativos americanos en los cómics


De los seriales de la radio llegó el fiel Toro (Tonto en el original) acompañanado al Llanero Solitario, de la literatura se ha adaptado “El último mohicano” en diversas ocasiones, y a éstos se unieron una miríada de creaciones originales desde las viñetas: Toda una legión de relatos y personajes de cómic decididos a inmortalizar a los indios americanos en los tebeos.


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1.- Algunos personajes clásicos


Turok: Son of stone (EEUU, 1954) es un guerrero de la tribu de los kiowa, perdido en un misterioso valle en el que habitan dinosaurios. Originalmente escrito por Gaylord Du Bois e ilustrado por Rex Maxon, a lo largo de las décadas tuvo distintos autores y sufrió cambios en sus premisas argumentales que lo llevaron a manejar claves más cercanas a la ciencia-ficción tecnológica o a los universos superheróicos. La colección de los noventa “Turok: Dinosaur hunter” guionizada por Timothy Truman fue uno de sus hitos recientes a nivel editorial.


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Umpah Pah (Bélgica, 1958) es un fortachón y bondadoso piel roja que traba amistad con un oficial de la armada británica a la conquista de Norteamérica. El personaje contó con una breve carrera de historias seriadas y álbumes, en Francia en los sesenta, con escasa correspondencia en España, en los setenta y finales de los ochenta. Los creadores, ambos franceses, son al guión René Goscinny y al dibujo Albert Uderzo, los universalmente famosos “padres” de Astérix, cuyo particular marchamo se deja ver en esta obra menos conocida. De los mismos autores hay que señalar la memorable e hilarante visita americana de Astérix, en su vigésimosegundo álbum, “La gran travesía” (“La grande traversée”, Francia 1975) que además tuvo adaptación a largometraje de animación como “Astérix en América” (“Astérix et les indiens”, Francia-Alemania 1994).


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Yakari (Bélgica, 1977) es un niño de la tribu de los sioux que recibe un día de Gran-Águila, su totem, el don de comunicarse con los animales, entre ellos, su mustang, Pequeño-Trueno. Creado por los suizos Job (seudónimo del guionista André Jobin) y Derib (seudónimo del dibujante Claude de Ribaupierre) a finales de los setenta, tuvo especial presencia editorial en España durante toda la década de los ochenta. En el mercado francófono continúa y en la actualidad ya ha sobrepasado la treintena de álbumes.



“¿Dónde están los guerreros de antaño? ¡Cochise! ¡Nana! ¡Victorio! ¡Ellos eran diyin, guerreros con poder! ¿Y qué es lo que me queda ahora?”
Guía espiritual (Scout #1 por Timothy Truman, trad. Luís Vigil, Cómics Forum)



Scout (EEUU, 1985) es un joven apache en un futuro próximo a quien los espíritus del panteón indígena le encomiendan la misión de eliminar a cuatro monstruos. Con guión y dibujo de Timothy Truman (que tiene sangre cheroquí) y colores de Steve Oliff (“Akira”), esta serie de política-ficción bélica fue publicada por la desaparecida independiente Eclipse Comics y recientemente recopilada por Dynamic Forces.


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El argumento se sitúa en los últimos años del siglo XX de una Tierra decadente y hostil en la que los EEUU son un país corrupto hasta la médula, internacionalente aislado y en la más absoluta ruína. La Unión Soviética mediante sus pactos con Japón y países americanos y africanos ha ganado la Guerra Fría. Scout (Emanuel Santana) se nos presenta como un joven indio desconocedor de su herencia cultural, muy alejado del guerrero ejemplar como la tradición de sus antepasados dicta. Los personajes de su universo son imperfectos y corruptibles y los más loables luchan contra sus debilidades. Scout ofrece una reflexión sobre el comportamiento de la Humanidad en clave de política-ficción y sugiere una posibilidad de regeneración a partir de las culturas indígenas, en un marco de decadencia global.


En España, Scout fue editado a partir de marzo de 1990 por Comics Forum, acompañado por otros títulos de Eclipse, de grato recuerdo (“Air Boy”, “Lost Planet”, “Miracleman”, “Liberty Project”). Tuvo diecinueve números de periodicidad mensual.


2.- Superhéroes nativos



“No hacemos el festival sólo para bailar la danza de la lluvia. Es la oportunidad para las tribus del suroeste de reunirse y festejar nuestra historia y cultura, para apreciar la tierra que llamamos hogar. Mira en torno a tí: todo esto, tan lejos como alcanza la vista, es el Lugar de mi pueblo. De los apaches”
Sarah Rainmaker (Gen13 #0 por Richard Johnson, trad. Cristina Macía, World Comics)



DC Comics tiene personajes como el lakota Butcher, Marvel a los cheyenes Moonstar y Forja, Image a la apache Rainmaker. Desde las diversas editoriales el género superheróico ha hecho hueco a incontables personajes amerindios, vinculándolos a menudo a poderes elementales, capacidades rastreadoras, dones místico-mágicos y caracteres aguerridos. Estereotipos, en resumen, aun con voluntad laudatoria. Así, chamanes y danza de la lluvia se combinan con ajustados trajes de colores y enfrentamientos superpoderosos; como dicta el tópico, entre tradición y modernidad.


Marvel se lleva la palma en cantidad, con especial relevancia por parte de la especie ‘mutante’. En esta editorial, aparte de Raven, Shaman o Warpath, no podemos olvidar al hermano mayor de este último, el fugaz John Proudstar “Ave de Trueno”, que se unió a la Patrulla-X en el “Giant-Size X-Men #1 (EEUU, 1975) para morir en combate el mismo año, en el “X-Men #95 (EEUU, 1975). Ambos cómics están incluídos en blanco y negro en el tomo “Biblioteca Marvel X-Men” #1 de Panini España (2006).


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Dos destacados indios en la familia del gen equis marvelita son Forja y Moonstar. Forja, el primer hombre que quiso llevar al altar a Tormenta de la Patrulla-X, tuvo su primera aparición en el “Uncanny X-Men #184 (EEUU, 1984), que se puede encontrar en blanco y negro en “Biblioteca Marvel X-Men” #18, de Panini (2007). Su poder es el de la construcción, desde lo más rústico hasta el más avanzado microchip. Por su parte Danielle Moonstar, también conocida como Sique y Espejismo, apareció por primera vez en la “Marvel Graphic Novel #4: The New Mutants” (EEUU, 1982) que Cómics Forum editó en castellano en el “Marvel Héroes” Especial Verano de 1988. Cheyenne natural de Boulder (Colorado), nació con la capacidad de proyectar imágenes y además adquirió los poderes preminotorios de las valkirias. Esta delgaducha y honesta cheyene estuvo en sus primeros tiempos afiliada a los Nuevos Mutantes y a X-Force.


Desde la fundación de la independiente Image Comics destacaron un par de personajes: El metamorfo cibernéticamente potenciado Ripclaw (“Cyberforce”, EEUU 1992) y la elemental Rainmaker (“Gen 13”, EEUU 1993). Según los archivos de la editorial, Ripclaw pasó su juventud con los apache y los cheyene, y también vivió entre navajos y sioux lakotas. Sus antepasados pertenecían a tribus de los bosques del nordeste de los actuales Estados Unidos. Perdió a sus padres a muy temprana edad y fue educado por un poderoso chamán que le enseñó a usar sus poderes.


En América han recurrido a los aborígenes obras anecdóticas de numerosos microeditores. Con guión Jon Proudstar y dibujos de Ryan Huna, “Tribal Force” (EEUU, 2002) es un cuarteto (navajo, apache, sioux, lakota) de superhéroes que se enfrentan al gobierno federal a causa de la confiscación de tierras indias.


3.- Desde Europa


Hergé adelantó apenas pinceladas en “Tintín en América” (“Tintin en Amérique”, Bélgica 1931) pero Europa siempre ha sido cuna de grandes relatos del Oeste. El recordado autor Hugo Pratt y el indiscutible clásico “Lucky Luke” son muestra de ello, y en sus álbumes los indios han tenido una presencia perceptible.


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El maestro italiano Hugo Pratt escribió “Verano Indio” (“Tutto ricominciò con un’estate indiana”, Italia 1983) para una exquisita ambientación y trabajo gráfico de su compatriota Milo Manara, quizás uno de los mejores de este famoso ilustrador. El álbum nos transporta a una villa de la América colonial que esconde amores prohibidos y conflictos con los indios, preludio a una sangrienta tragedia. Pratt ya había creado con anterioridad “Ticonderoga” (Argentina, 1957) con guión de Hector Germán Oesterheld y “Wheeling” (Argentina, 1962), una serie de relatos ambientados en las guerras fronterizas americanas del s.XVIII, así como “Jesuita Joe” (Italia, 1980), alrededor de un mestizo con pocos escrúpulos en la salvaje América del Norte.


En sus más de setenta álbumes el divertidísimo Lucky Luke (Bélgica, 1946) viaja por el Oeste americano de la época de la colonización. Aunque el personaje fue creado por el dibujante belga Morris (Maurice de Bevere), a partir de 1955 el guionista francés Rene Goscinny pasó a escribir las historias. En álbumes como “Las Colinas Negras” (“Les Collines Noires”, Bélgica 1963), el genial escriba presenta a los indios como guerreros nobles aunque fácilmente manipulables por la retorcida mente del hombre blanco; víctimas, en definitiva, de una situación que no aciertan a comprender.


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Cuto en los dominios de los sioux” (España, 1946) de Jesús Blasco, “Apache” (España, 1956) con guión de Pedro Quesada y dibujos de Luís Bermejo, “Fleche Noire”/“Blackbow the cheyenne” de Víctor de la Fuente (Reino Unido, 1963) o alguna de las múltiples versiones de “El último mohicano”, novela repetidamente adaptada a la historieta, (la editada por la Gilberton, las firmadas por Alarico Gattia, Rafel Auraleón, José Luís Salinas, Doug Moench, Jack Jackson o Roy Thomas) nos recuerdan que desde hace mucho tiempo los indios americanos también captaron el interés de los historietistas hispanos. Más recientemente encontramos “Orígenes Jaque Mate: Sangre” (España, 1999) de Juan Carlos Cereza y Juan Carlos Pérez, que se encuadra en el género superheróico.


4.- En pos de un mayor ‘realismo’


Stan Lee y Jack Kirby presentaron en el “Fantastic Four #50 (EEUU, 1966) a Wyatt Wingfoot, indio de sangre comanche nacido en Oklahoma con el que los ideadores de la Marvel intentaron conceder a los nativos una cierta imagen de modernidad y normalidad (ni siquiera le atribuyeron cualidades sobrehumanas al personaje, a pesar de ser secundario de “Los Cuatro Fantásticos”). En castellano este cómic puede encontrarse en “Biblioteca Marvel: Los Cuatro Fantásticos” #5 de Cómics Forum (1999). Atleta que llegaría a ser novio de la superheroína Hulka, Wingfoot se ocupó del negocio del petróleo al descubrirse yacimientos en su reserva natal, una circunstancia que sería verosímil en la realidad.


El maestro Joe Kubert, con la contribución de Carmine Infantino, abordó el tema del racismo en “Firehair” (EEUU, 1969), la historia de un niño pelirrojo que, acogido por los indios a principios del s.XIX, sufre la discriminación tanto de los blancos como de su pueblo adoptivo al no “ser” de unos ni de otros.


El ya mencionado Derib también ha firmado una aproximación más adulta a la cultura india y al mestizaje en la longeva serie “Buddy Longway” (Bélgica, 1974).


Jack ‘Jaxon’ Jackson (1941-2006), precursor del ‘underground’, a través de obras como “Comanche Moon” (EEUU, 1979) y “Los Tejanos” (EEUU, 1982), se aproximó a las circunstancias más histórico-sociales y menos folclóricas del Oeste, en concreto al convulso nacimiento del estado de Texas y a los indios de la región.


En un encuentro sobre la representación de los nativos americanos en los tebeos, celebrado el año pasado en un museo de Indianápolis (Estados Unidos), se llegó a algunas conclusiones sobre la materia. La primera es que se necesita una mayor presencia de los propios interesados como creadores o editores para que las historias que supuestamente protagonizan aporten realmente su punto de vista. La segunda, que los clichés prevalecen aunque cambie su naturaleza, ya que cada época refleja en la historieta cómo los nativos son percibidos por la sociedad en general. Una verdad vigente ya desde el temprano antecedente de Big Chief Wahoo en los años treinta y que aborda en detalle Michael A. Sheyahshe, de la tribu caddo de Oklahoma, en su libro “Native Americans In Comic Books: A Critical Study”, que sale a la venta en EEUU a finales de este mes de abril de 2008.


Enlaces
Indios en los cómics americanos
Jack Jackson
Native Americans In Comic Books: A Critical Study"
Firehair
Encuentro en Indianápolis
Big Chief Wahoo
Lista de correo
Editorial Blue Corn
Wyatt Wingfoot
Tomahawk
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