Estimado Sr V.,


Me ha llevado mis añitos darme cuenta pero la verdad es que como comprador soy, por decirlo de algún modo, prudente. Me temo que por eso -para desespero de quien me sufre- me echo tanto tiempo mirando y remirando en las estanterías y mesas de novedades. Tengo que estar bastante seguro de algo para llevármelo. Por un lado, y de esto me olvido con frecuencia, mi colección se reparte en tres localizaciones geográficas y de vez en cuando me pregunto si este será el año en el que la mera capacidad espacial se vea desbordada: ¿cuántos centenares de tebeos hacen falta para hacer una casa inhabitable? ;-) Por otro lado, una idea que te suele asaltar cuando haces números antes de pasar por caja es ¡joder, son carísimos! Me parece que a todos nos ha pasado alguna vez. No digo que no tengan el PVP necesario para que evitar que este castillo de naipes (dicho cariñosamente) se venga abajo, ojo; no, no digo “carísimo” en ese sentido. El, en buena medida, frágil ecosistema que integra la creación, edición, impresión (algunos todavía no imprimimos en China), distribución y venta minorista necesita lo que apoquinamos, y más necesitaría para poder crecer: más lectores y lo ansiado por los creadores entre los que nos contamos, una remuneración más justa.


Así que no, nunca me ha dolido gastar el dinero en cómics. Pero se comen sus metros cuadrados y se llevan su montante, eso no se puede negar (y si esto último lo pones en perspectiva con lo que dan de si los sueldos hoy en día, no te digo nada). De manera que te tienes que cortar un montón. Yo reconozco que estoy un poco cansado de privarme de cosas, pero lo hago todas y cada una de las veces que voy a la librería. Si fuese millonario me iba a comprar el triple de obras que me llevo. Y no por acumular por acumular, qué va, más adquiriría por el simple hecho de que muchos títulos me tienen bastante buena pinta y me encantaría poder leerlos en casa. (Por lo menos unos pocos, afortunadamente, llegarán a las bibliotecas y así a mis manos algún día, espero. Benditas bibliotecas.) Pero comprarlo todo, no puede ser. Haces números y es demasiada pasta. Mira hoy, por ejemplo: me he dejado 54 euros. 54 eurazos, tío. ¿Crees que en los tiempos que corren mucha gente se lo puede permitir? Pues no te creas que es un carro lleno. He cogido cuatro cosas mal contadas (qué digo: bien contadas). Mayormente, algunas que considero más o menos imprescindibles: Una nueva entrega de la autobiografía de Mizuki (tomo), el primero del western de Emma (grapa), el segundo volumen de “Prophet” y… he hecho lo que muy rara vez hago, tirarme a la piscina y elegir algo de precio respetable sin saber nada de su autor ni del argumento. 20 euros. Y -ahí es nada- de una nueva editorial, toma ya. (Bienvenida sea.) Vivimos en un mercado raquítico pero absolutamente maravilloso en cuanto a la diversidad de la oferta, llevo muchos, muchos años diciéndolo. Por ejemplo ¿te has dado cuenta de la infinidad de ediciones integrales que hay a la venta? Clásicos europeos, estadounidenses, tiras de prensa, series de álbumes francobelgas recopiladas de 3 en 3… muchas son ediciones a todo color, con buen papel, bien rotuladas. Lo que daría por poder tenerlas. Sin embargo fíjate, hoy mismo, tontamente, un jueves por la tarde, como quien no quiere la cosa, ya me ha quedado temblando el bolsillo. Anda que como no me guste esta apuesta a ciegas, eh.


Nah, eso ni pensarlo :-) Ya te contaré…


image