Estimado Sr V.,


Si me despisto pasa un año entero sin una nueva reseña; mis disculpas. Este creo que te gustará. Lo primero que me viene a la mente es “qué poco original es este tebeo”. ¿Mal empezamos? Qué va. Bien es cierto que esa idea ronda la cabeza durante toda la lectura de este álbum en tapa dura y formato grande (casi Din A4), más a causa del guión, que es una ensalada de tópicos del género negro, que por el dibujo, dado que Brüno (tras cuatro títulos uno de los autores que asocio con la editorial madrileña Dibbuks, que bien haría en asegurarse la exclusiva ;-) es un ilustrador con un estilo reconocible a leguas, además de versátil como pocos: uno de esos dibujantes a los que no importa qué le lances, ya un western (“Junk”), ya una historia de la época del tráfico marítimo de africanos esclavizados (“Atar Gull”), ya un argumento de ciencia ficción… el tipo lo va a clavar y además sin renunciar ni un ápice a su forma de representar cosas y personas. ¿Qué pasa entonces con el guión? Que Nury no se ha cortado un pelo y ha metido en la batidora todos los clichés posibles de las historias criminales arquetípicas (EEUU, mediados del s. XX), alrededor de la figura de un tipo duro y sin escrúpulos que se ve metido en una encerrona, en un pueblucho de mala muerte donde, cómo no, además de la maciza a la deriva de rigor pulula el clan de corruptos que lo gobiernan todo. Como mandan los cánones. Todos los cánones. Lo demás ya te lo puedes imaginar: negocios criminales, el azar que precipita viejas deudas pendientes y armas de fuego a mansalva. Total, que dicho así parece que no vale la pena pero la lectura es una verdadera gozada. Frecuentemente se nos olvida que la originalidad es una virtud distinta de la calidad, pero este cómic nos lo recuerda con creces. Con un artículo final que desgrana todas las referencias (principalmente cinematográficas, aunque también literarias) que el guionista ha tenido a bien fusilar (de las cuales yo no habría podido concretar ni una cuarta parte si me preguntan) las cartas están sobre la mesa; nada se les puede achacar a los firmantes. Me ha recordado más a “Los Desesperados” de Mezzo/Pirus que a un “Torpedo” de Abulí/Bernet, pero es de cualquier modo un divertimento que apreciarán todos los amantes del género.